Vaca Díez campeón: garra, carácter y revancha en una final digna de clásico
El coliseo Universitario volvió a ser escenario de una historia intensa, de esas que el básquet pandino sabe escribir con pasión. En un partido vibrante, lleno de contacto físico, emoción y orgullo, Vaca Díez derrotó a la UAP por 72 a 65 y se consagró campeón del Campeonato Apertura 2025 de la ABP.
Fue una final que tuvo de todo: dominio alternado, marcador parejo, reclamos, energía en las gradas y hasta custodia policial para resguardar la integridad de los árbitros. Una noche caliente, como todo buen clásico.
Un inicio con dominio celeste
El partido comenzó con intensidad desde el salto inicial. Vaca Díez entró más concentrado, con posesiones bien trabajadas y mejor circulación del balón. El primer cuarto terminó 16-14 a su favor, una ventaja corta pero simbólica: dejaba claro que el campeón quería imponer condiciones.
En el segundo cuarto (19-16), el equipo dirigido con inteligencia y carácter siguió controlando el ritmo. La UAP respondió con su habitual intensidad, pero Vaca Díez supo cerrar bien el cuarto, llegando al entretiempo con ventaja 35-30. La sensación era que el duelo se encaminaba a un cierre cerrado, con ambos equipos defendiendo cada punto como si fuera el último.
El tercer cuarto: donde todo se volvió a emparejar
El clásico tuvo su punto de máxima tensión en el tercer cuarto. La UAP reaccionó con fuerza, ajustó su defensa y encontró efectividad en ataque. Vaca Díez, que había dominado la primera mitad, empezó a sentir la presión. El parcial de 13-18 dejó todo igualado en el marcador: 48-48.
El ambiente en las gradas era puro nervio. Nadie se sentaba. Cada posesión era una batalla, y cada canasta, una explosión de gritos. En ese contexto, la figura de Heyer Alves Fernández empezó a crecer. El jugador de Vaca Díez no solo anotaba, también sostenía el ritmo ofensivo y transmitía serenidad en los momentos más críticos.
Último cuarto: donde los campeones se distinguen
Con el marcador igualado, el partido entró en su etapa más emocional. Vaca Díez recuperó la calma, la intensidad y la claridad táctica. En los últimos diez minutos mostró todo lo que se necesita para ser campeón: defensa firme, transiciones rápidas y una mentalidad ganadora.
El parcial final de 24-17 fue el reflejo de un cierre sólido. La UAP intentó reaccionar, pero se encontró con una muralla. El reloj se consumía y cada posesión favorable a Vaca Díez acercaba el trofeo. Cuando sonó la chicharra, el marcador fue claro: 72-65.
La banca estalló, las camisetas se elevaron al cielo, y en pleno coliseo de la UAP, Vaca Díez se dio el gusto de gritar campeón.
El nombre propio de la noche fue Heyer Alves Fernández, que terminó como máximo anotador del partido con 22 puntos. Su aporte fue determinante, especialmente en los momentos de presión, cuando el marcador estaba igualado y se necesitaba alguien que asumiera el liderazgo ofensivo.
Cada lanzamiento suyo fue un golpe anímico. Su serenidad en los libres, su lectura en ataque y su presencia en el cierre lo convirtieron en la figura indiscutida del encuentro.
Una final con todos los condimentos
El partido tuvo todo lo que un clásico puede ofrecer: fuerza, orgullo, roce físico, intensidad en defensa y momentos de tensión dentro y fuera de la cancha. Las emociones desbordaron y la autoridad del cuerpo arbitral fue puesta a prueba, al punto de requerir apoyo policial al cierre del juego.
Pero más allá de esos condimentos, la final tuvo algo mucho más importante: básquet del bueno. Dos equipos que se conocen, que ya habían disputado la final anterior, y que esta vez ofrecieron un espectáculo completo para el público pandino.
La historia quiso que esta final repitiera protagonistas. La temporada pasada, la UAP se había quedado con el título. Esta vez, el destino le devolvió la sonrisa a Vaca Díez, que aprendió de sus errores, fortaleció su estructura y llegó más completo, más maduro.
Dar la vuelta olímpica en el propio escenario de su rival tiene un sabor especial. Es una revancha deportiva, pero sobre todo, un premio justo para el mejor equipo del torneo.
El valor de este título
Este campeonato no solo consagra a Vaca Díez. También marca una tendencia: el básquet pandino vive un momento de competitividad y crecimiento. Cada final es más intensa, cada equipo llega más preparado, y el público responde con una pasión que eleva el nivel del espectáculo.
El título de Vaca Díez es una muestra de eso: una victoria construida con disciplina, carácter y un sentido de equipo que se impuso en los momentos decisivos.
El Campeonato Apertura 2025 de la ABP cerró con una final memorable. Vaca Díez es el nuevo campeón pandino, y lo consiguió con argumentos sólidos: constancia, garra y un liderazgo colectivo que supo responder ante la presión.
En una noche cargada de emoción y orgullo, el equipo celeste levantó el trofeo y escribió una nueva página en la historia del básquet masculino de Pando.






